¿Y si el problema no fueran tus emociones, sino cómo te relacionas con ellas?
- Antonio Marí

- hace 1 día
- 2 min de lectura
En muchas ocasiones llegamos a una sesión de coaching diciendo cosas como: "quiero dejar de sentir miedo", "no quiero enfadarme tanto" o "necesito controlar mi ansiedad". Es comprensible. Estas emociones que nos hacen sentir mal las vemos cómo un obstáculo y creemos que gestionarlas consiste en hacer que desaparezcan cuanto antes.
Sin embargo, en coaching ontológico el punto de partida es diferente. Las emociones no son un error del sistema sino información que nos habla de cómo estamos interpretando una situación y del observador que hoy somos. No aparecen porque sí, ni son independientes de nuestra manera de pensar, de conversar con nosotros mismos o de como habitamos nuestro cuerpo.
Por eso, en una sesión de coaching no intentamos eliminar una emoción. Tampoco la juzgamos, simplemente la exploramos. Nos preguntamos qué nos está mostrando, qué historia la sostiene, qué conversaciones estamos teniendo con nosotros mismos, cómo se expresa en nuestro cuerpo y qué posibilidades de acción abre o cierra.
Porque hay algo fundamental: no podemos gestionar aquello de lo que todavía no somos conscientes. Y la conciencia es el primer paso de toda transformación.
Imagina a una persona que evita intervenir en reuniones importantes porque siente miedo al juicio de los demás. Su objetivo inicial suele ser "quitarse el miedo". Sin embargo, durante el proceso descubre que ese miedo está ligado a una exigencia constante de hacerlo todo perfecto y a una conversación interna que le dice que equivocarse no es una opción válida. Cuando esa persona toma conciencia de cómo interpreta la situación, de cómo ese relato influye en sus emociones y de cómo su cuerpo responde ante esa interpretación, aparecen nuevas posibilidades. Quizá el miedo no desaparezca de inmediato, pero deja de dirigir todas sus decisiones.
Y ahí comienza una forma distinta de gestionar las emociones. No luchando contra ellas, sino comprendiendo qué nos vienen a revelar.
En coaching ontológico trabajamos desde tres dominios inseparables: el lenguaje, el cuerpo y las emociones. Cuando cambia uno de ellos, los otros también pueden transformarse. Por eso no buscamos respuestas rápidas ni técnicas para controlar lo que sentimos, sino ampliar la conciencia desde la que observamos nuestra propia realidad.
Porque cuando cambia el observador, también cambia el mundo que ese observador es capaz de ver.

Te invito a detenerte un momento y preguntarte:
¿Qué emoción aparece con más frecuencia en los momentos importantes de tu vida?
¿Qué interpretación de la realidad está sosteniendo esa emoción?
¿Qué conversaciones tienes contigo mismo cuando esa emoción aparece?
¿Qué posibilidades de acción estás dejando de ver desde ese estado emocional?
Las emociones no son enemigas. Son una invitación a conocernos mejor.
Y quizá el mayor regalo de un proceso de coaching no sea aprender a controlar lo que sentimos, sino desarrollar la conciencia necesaria para elegir, con mayor libertad, cómo queremos responder ante aquello que la vida nos presenta.




Comentarios